Sólo el calor de un alma ardiente puede calmar el frío insensible de la rebeldía



Los años arrojan la dulce alma de tu niñez sobre las rojas brasas del odio incontrolado a todo aquello que ayer fue tu guía, encendiendo todo tu ser de furia, descontrol y esa cruel indefensión que te dice al oído que todo aquello en lo que creíste, las paredes y el suelo de tu casa, tus padres, hermanos incluso amigos no son lo que creías, esas personas que amabas y que sustentaban tu mundo; Estás sola, no, están ahí pero están en tu contra, ahora son tus enemigos.









Decides vestirte de una dura coraza tras la que nadie te pueda dañar, tras la que nadie  pueda conocerte ni tener acceso a ti: tienes miedo y vives acurrucada tras una espesa tela de araña tejida en defensa propia.
Es el momento de atacar o servir eternamente.




Olvidaste tu inocencia, ahora atacas a quienes te protegieron,  temes todo lo que amaste.....y buscas lejos el cariño que aquí desprecias.





Yace el dolor en tu alma y en la mía, pero debe ser así cuando  la vida  transita debe el hijo volar y esperar la madre su caricia, como viuda del mar toda la vida.







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