El despertar...





Nacer un día es sólo un día más, pero a mi se me hace como abrir los ojos en la mañana, o mejor, como el nacer de un niño, tan limpio, tan nuevo como un caramelo en su papel, como un beso que aún no se ha besado, como un sueño por ser soñado....



Por muy mal que vayan las cosas, aunque los problemas y las pérdidas me atrapen la garganta, por mucho que la vida se enoje por mis locas extravagancias, jamás desperté enojada. Al abrir los ojos tras la noche helada siempre me cobija un irresistible aliento de flores tempranas, un aliento lleno de risas en la boca que esperan el más mínimo suspiro para escaparse alocadas, como campanadas de un alto campanario que dicen la hora de comenzar a vivir, de abandonar tus sueños para vivirlos, para de abrazar la alborada.


Y la blancura de un nuevo día solo sabe brillar sobre los ojos húmedos de la emoción más sorprendida. Es esa la blancura de la pureza desatada, del alma casi agotada que bebe el rocío de los pétalos del aire, es la que nace del corazón desesperado que ahora renace embrujado por las luces del alba perfumada.......por los pétalos soñados de la inmaculada esperanza.




Y ya es de día, el aire levita, los pájaros ríen las gracias de las flores que gritan sus colores como hadas pequeñitas......la noche se acuesta tranquila en su lecho de hojas desparramadas, para después recoger el desorden de la alocada algarabía, plegando de nuevo sus largas alas.... 



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