La luz del alma






El día desgasta mis fuerzas hasta arrojarme sobre un lecho oscuro pleno de malos recuerdos y preocupaciones que giran y giran hasta hacerme perder la consciencia...... Pero si es la luz dorada de la esperanza la que suave me despierta, su fuerza de eterna promesa me devuelve la vida que me cubre entera como esa agua fresca que me sabe a brillo mientras por mis pendientes resbala....


En algún lugar hay una puerta que lleva a mis sueños, alguien me dijo: ábrela y verás la vida, tocarás con las manos tus deseos, modelarás las nubes, respirarás colores y sentirás el dulce y cálido aroma de la paz, busca donde más te duela, busca en tu pequeño corazón de jilguero...


Porque es fresca la luz inmaculada que nace del alma, tan fresca y  pura como un soplo de brisa en la montaña, como el aliento del bebé y la caricia de la hermana.



Y sube el alma caída tras ella, abriendo los ojos, elevando la mirada en el verde suspiro de la tarde y en el rosa de la madrugada.
Ella no se apaga con la noche ni con la ventisca más iracunda del rastrero rencor y el reproche, la luz del alma es incombustible porque nace de las puertas cerradas, las velas consumidas y de las ventanas de amargos ladrillos tapiadas.


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