El alma impertinente



Y navega la luz del alba escondida el niño ausente en mis adentros hondos. Deambula perdida, se eleva entre las nubes negras de los recuerdos y entre las sombras oscuras de los apagados luceros que brillan su inquina en mis valles de miedo sin fondo...
Y sabe el niño perdido que vive jugueteando en mis adentros que en lo profundo del aire de las nubes altas es el camino del cielo.
 Y sabe el viejo caduco que en el trino de la risa vana es la vereda de la vida...que es tras la esquina esquiva y macabra de la muerte cierta...
Y por eso río como pájaro que canta al alba soñada, y que danza como hoja en el aire esa danza templada que se evapora serena y tranquila.. desvaneciéndose en el aire del oscurecido alba...



Tranquilo y sereno está el cielo tras la caída, sereno y tranquilo como tras el dulce y acompasado precipitar del agua que mana mansa de las nubes altas...
Una vez alguien me dijo ¿cómo será la hora macabra....?? ¿cómo será el último momento, el primer latir tras el caer al ras del último aliento?
Será sereno -susurra el niño de mis adentros hundidos- será de un gris blanquecino sin brillos ni cielos, sin miedos ni vuelos, arriba, abajo, malo ni bueno...El momento de la paz, de la dicha inexistentes, el momento sin carne ni tiempo, del regreso impotente y el avance impreciso, incierto, monocromo y eterno.



Y vuelve entonces el niño de mis adentros extinguidos la vista hacia la vida, y el niño respira esperanzas nacidas del olvido, se llenan sus menudos pulmones de briznas de hierba fresca y soñada que inspiran vidas mejores, y vivo pues la vida soñada de mi alma intrépida e indómita, la de los rayos indolentes que atraviesan las crueles sombras. Vivo sorbo a sorbo los ríos profundos y por siempre inacabados de las esperanzas verdes que al fin se hicieron mares de amapolas rojas y tersas en el fondo sereno de mi alma impertinente...


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