El prado perdido

El prado de Proserpina


No era una flor, 
no era un suspiro,
 no una nube 
rauda y bella, 
ligera estela no era.

 Nunca fue pájaro, hombre o mujer
 ni animal de aparente vida dotado, 
mas dotada de vida a su parecer...

 Y sintiera al amanecer los campos, 
tintando sus adentros de ilusiones,
si a lo lejos aparecían dorados... 

No era hada ni estirpe fantástica, no era irreal sino realidad callada, y en su prado pequeño y escarpado reinaba sobre briznas de hierba, insectos y florecillas que en verano buscaban su sombra y su amparo contra los afilados vientos el resto del año.

Sabíase y eso le bastara para existir,
 porque ella piedra era.




Sola sobre su diminuto y alto prado, dominando los ciclos del cielo, dominando los cuatro vientos magos, dominando sobre su aterciopelado prado de hierbas y nieves, como alta reina regentaba su universo dorado.

Un día después de muchos muchos días pasados,
 quizá fueron siglos con su lenta carga de años,
 un ser seguido de otros semejantes surgieron sobre su valle
 invadiendo casi toda su superficie, desde las profundas paredes
de su poderosa e inmóvil montaña.

 Los trinos de los pájaros
que a veces escuchara desde lo hondo
 y viera volar sobre lo alto,
el gemir y el bramar de los vientos
 se sellaron, ante el ruido de los extraños.

Parecían cansados, el sol bramante los estaba quemado, más ayudarlos no pudo como hiciera con sus briznas de verde hierba y con las florecillas que crecían a su vera cada verano, puesto que sus envergaduras eran diez veces más una la de ella...

Sufriendo el caduco sufrimiento de sus endebles cuerpos tal como hiciera un espejo, la piedra pareció temblar, como cada vez que uno de los seres que le rodeaban padeciera...

Pasaron varias horas;
 horadaron su prado con un palo
 que lucía un colorido trapo,
machacaron sus florecillas
y sus briznas de hierba con sus pesadas botas,
 comieron cosas extrañas
 y sus desperdicios el virgen reino
ocuparon...

Al fin parecieron descansados y felices. Recogieron sus cosas más valiosas para marchar y piedra sintió como un enorme peso la dejaba.
¡Los extraños y dañinos seres se marchaban!!
-Espera!!
-¿Qué haces? Venga!! Tenemos que estar abajo antes de que caiga la noche!!
-Espera tenemos que llevar algún recuerdo, una prueba de que estuvimos en esta cumbre...
Y el gigante sacó de un saco un martillo y un cincel  y de varios dolorosísimos golpes arrancó gran parte de la piedra que se sintió partir como una hoja seca, se notó levantar de su posición eterna, cayendo de golpe en el fondo del saco junto con otras herramientas.



Publicar un comentario en la entrada