La torre vieja

El prado de Proserpina



Hace viento...
Sí, me gusta cuando el viento tropieza con mi estorbo, me gusta cuando me rodea y sigue veloz su camino, cuando no se amansa y no saluda, cuando no se cansa como hacen las afiladas alas de las gaviotas mudas... 



Gabriel Moreno China

Infiel amante
 que sin freno alguno
 y apenas en un segundo
 cuenta secretos y vierte en mi boca
los alientos de otros más amados,
 sobre quienes otra noche posado,
cansado cayera dormido. 
   

Me gusta su olor a los altos riscos, 
me hace soñar o quizá entrever 
lo que con seguridad trae consigo... 

Me gusta el viento y su caricia sobrenatural,
 olor a lejanos trigos, 
a mar honda y negra, a la luna alta;
 con su timbre a nubes y a gentes 
que seguro sienten en mundos lejanos,
 sumergidos en extrañas mieses...

No hay que hablarle, no escucha.
 Intrépido él toca mi cara y se va,
 dejándome en la piel su nuevo ensueño,
 que a veces quema, hiela, quema...
ambrosía de la imaginación,
secuestrada doncella.

Lleva hoy, lleva viento hoy contigo
 mi mensaje sin botella, 
lleva hoy, viento fiero que enredados 
dejas mis pensamientos y mis trenzas,
 mi aliento a algún extraño que sueñe
 mis nuevos sueños en lo más alto
de alguna torre vieja.
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