Muros de arena...

Esse Imaginaria



Como un diablo me hablas,
 como el leviatán y su cercano eco, 
y como a la maldad misma atiendo
a tu boca osada, serpiente de plata. 


Yeny K.




Como el ocaso oscuro, sigiloso marchas,
 entre los rojos lamentos del día herido de muerte, 
despedida eterna, tal ocaso el adiós mismo muerdes 
y mi anochecer de azahar, injusto raptas.

Y regresas, samael, 
como el reincidente deseo regresa una vez colmado,
 cargado de rabia por la contemplación
 de la honesta ignorancia del mundo
 desconociendo tu corazón impuro y desechado.

Mas yo te acojo, mi amado bael,
 y beso tus ojos profundos y oscuros
 con los labios de mirada arriesgada
 despeñada en los tuyos... 

Sé que en tus brazos estoy segura,
 ya sólo las ascuas del averno me deslumbran,
 porque derruir no sabes mis muros de arena,
 cal y arcilla muda.

Guerra en tus pupilas, 
contienda en tu mirada, 
la sangre pugna en tus venas 
por ver la del mundo entera
 derramada... 

Mi astarot incauto, 
de nuevo hoy yerras; 
engendro inmundo y bello, 
hoy amas. 
No hubo noche sin su alba bella,
 ni existe guerra sin baldía derrota, 
cansada y lenta.

La pereza

Esse Imaginaria


¿Qué será de los amaneceres 
cuando no pueda verlos...?? 
Sin mis ojos escrutadores y tercos,
 sin mis sueños volátiles
 sobre sus brumas bellas pasajeros...
y sin mis lágrimas que sin límite son, 
los caprichosos crisoles que estorbando
 me devuelven al ras del sueño???

Miho Hirano

¿Acaso ellos me echen de menos, 
tan grandes e imperturbables, 
tan perturbadores y eternos...???

Una mirada más, un sueño menos, 
un despertar al alba que se retrasa, 
un ángel que trasnocha 
 en lo  profundo del plácido suelo...

 Acaso por ni nombre me llame, 
acaso ya no me recuerde, 
haciendo y deshaciendo mil cosquillas 
bajo los brazos abiertos de los horizontes...

No, los amaneceres no tienen memoria, 
sólo nacen y nacen y siguen naciendo,
 sin reparar en los pájaros ni en sus vuelos
 y sin notar el insistente retraso
 de los perezosos dormilones 
que entre sus lisas sábanas
 atrapa el sueño...

El carrusel

Esse Imaginaria



Cada día, una nueva historia, 
la misma historia...

 Cada día un nuevo amanecer, 
otro recuerdo en el cajón del olvido, 
algún pañuelo empapado, 
y otro anochecer frío y vano
 que sereno se desvanece 
en la memoria del camino...

No  me canso de dar vueltas en este carrusel, 
no me canso... 



Mas no consigo olvidarme del pasado, 
 y no acordarme del futuro... 

Y con mis ojos beso las nubes
 en el horizonte de la mañana y de la tarde,
y no dejo de atender a las hojas de los árboles 
cantar y cantar mis canciones, llorar sus llantos...

 No me canso y giro y giro,
 no me canso...

Cada vuelta, un universo,
 cada mirada nueva
 un precipicio hermoso e intenso,
 cada lágrima, una cascada agridulce y bella
 de sangres y de besos, 
y de esos gestos tan amados...

Y ávida no quiero parar de beber los capítulos de este cuento, 
si pudiera saltar algunas páginas para acechar como acabará mi loco intento...

Si pudiera, mas no puedo, 
 y sin más, juego y juego 
sabiendo que es perdida cada partida
 y que en el juego de la vida
no ha lamento.

El olivo y la fuente

Esse Imaginaria







Esta noche las estrellas se precipitan 
en loca carrera sobre tus aguas,
 mágica fuente de piedra,
 embrujada y encaprichada  
del eco rotundo sobre la yedra.

 Y es la fuente 
a la sombra del olivo centenario 
 que por siempre y siempre vela, 
y que amorosamente reflejado 
sus aguas frescas y verdes
 en la frente besa...

Esta noche el cielo se oscurece y mece 
todas sus luces pequeñitas que se esconden,
 y bajo la seda de las aguas de tranquilos sones,  
entretenidas nadan y bucean como peces.

Y esta noche las estrellas de la fuente
titilando gustan de jugar con las hojas
 y los frutos jugosos que precipitados  
desde el enamorado olivo se presten. 

Noche verde, 
luna ambar,
 agua clara, 
olivo y fuente...





La palabra

Esse Imaginaria



Paseaba la oscura realidad 
los prosaicos pasillos de mi alma,
 lamiendo sus paredes.

 Paseaba la obtusa verdad 
los ciclos finitos de la vida,
 que burlona se asoma 
 al precipicio de la partida 
y la muerte. 

Y paseando fortuitamente y de repente,
 un reflejo casi transparente 
distrajo mi rutina apática y perezosa
 del gris oscuro proceder de mis pensamientos lentos,
 disponiendo lo qué sería si...


Agnieszka lorek

No siendo lo que soy, yo hubiera nacido palabra...
Quizá mejor me hubiera ido si en vez de alma y carne hubiera sido tinta malva, 
una tinta cualquiera tatuada sobre el dócil blanco, 
cualquier sucesión de signos hubiera sido buen destino, 
deseable... 

Paloma, nube, flor, hierba,  
risa, llanto, agua, nada...
 Melodía, beso, riña, incluso queja vana.
 Amor, cansancio, ilusión 
o un sueño cualquiera, pero insobornable...

Hubiera querido ser palabra si la palabra quisiera, 
aunque no me gustaría ser guerra.

No me importaría ser muerte, 
porque a su hora la muerte es tantas veces deseable, 
como el llanto y las lágrimas lo son,
 siempre tan injustamente temidas e indispensables...

Si el destino me dejase,
 quisiera transformarme en palabras
 tal que viento o tarde de verano; 
igual mañana clara o noche cerrada, 
pero nunca nunca querría ser palabra
 cuando la palabra mata.

Quisiera ser como ese azahar
 que nace temprano bajo el cielo azul 
de la primavera, aunque a la tarde
 bien temprano se desvanezca.

Quisiera ser querer, 
quisiera ser sierra, 
quisiera ser quisiera. 

Yo quisiera ser pasado 
pero nunca sería futuro
cuando es futuro olvidado.

Yo quiero ser el aire libre del olivar,  y el viento bajo las alas de un gorrión color gris amable, y quiero ser luna escondida tras la torre vieja.  El vuelo de la capa oscura quiero, o el fugaz recuerdo del anciano que en la comisura del entendimiento se rompe como el cristal. Yo prefiero ser libertad y agua de la fuente, y quiero ser palabra cuando tiene escondida mi pequeñita ilusión y despreocupada vuela. 

Lágrima seca

Esse Imaginaria




Ya no quiero ser nada,
 el futuro se ha acabado, 
consumidos todos los sueños
 en la comisura unos labios,
 en la sonrisa fría de la luna alta e inmensa, 
o en el monocorde  tono de su serenata bella...

Agniezsca Lorek


Acaso quiero ser sombra,
 acaso suspiro cansado,
 podría incluso ser pétalo caído 
de alguna flor serena...

 Si algún dios me mirase, 
podría ser ese recuerdo borrado
 sobre una lápida partida y negra, 
en medio del inmenso camposanto 
del olvido y la indiferencia...

Si quisiera elegir elegiría
 ser viento poderoso 
sobre las caras de los ciegos que pasean, 
quisiera ser la sombra de un relámpago, 
el recuerdo de un beso sobre los castos labios, 
el llanto consolado y la lágrima seca.

Ocaso

Esse Imaginaria



Nunca supe de qué está hecho el tiempo, ni la distancia, qué materia sostiene los recuerdos... Acaso sepa algún día, cuando el tiempo desaparezca tras el último segundo, cuando la distancia se extinga produciéndose en su ausencia el abrazo eterno, y cuando la memoria se disipe tras el último recuerdo...

Amelia Fletcher


Acaso entonces, perdida la mirada en el vacío y las manos frías y sin dueño, ese día en que sólo aparente una cáscara vacía en el suelo, acaso entonces sepa de qué están hechos cada uno de los misterios...
Amores lejanos, ya no más tras tanto y tanto tiempo, ya sólo tiempo y tiempo desorientado y disueltos en el café de la mañana todos mis recuerdos.

Ojos leves

Esse Imaginaria




El retrato de una soledad
en tus ojos entornados y  leves se pincela, 
ensimismados, secuestrados, acorazados, 
expuestos al frío y a la intemperie...

 Pocos años, mucho temes, 
tu poca vida, mucho hiere..
No temas, niño, no temas, muerde, 
no temas al miedo ni al fracaso 
que son afilados y duros tus dientes. 


yana shmaylova


Roza el halo de la luna con tus sueños
 suaves y de nieve, 
arrastra el vientre sin miedo
 sobre el suelo empedrado que no te detiene... 

Dura lid, dura la almohada, 
afilados los besos falsos de esas muchas gentes,
 pero no olvides, niño, no olvides
 que el sol sale cada mañana limpiando las pasadas hieles,
 que alumbrando sale el sol los caminos, 
templando las temblorosas pieles.

 No olvides, mi vida, no olvides nunca, 
que es cálido el abrazo del amigo entregado 
y dulce la sonrisa del que te quiere.

No temas al sol ni a la luna, 
no al enemigo sincero ni al amigo falso, 
no temas el dolor, brujo agudo que siempre pasa,
 ni del hipócrita el vil engaño.
 No temas, porque el sol sale cada mañana
 fiel sobre las legiones de insistentes nubes negras, 
y templa tu sonrisa, mi niño, 
templa tu mirada con fuerza, 
y cómete el mundo con tu hambre,
 que tuya es la vida entera.

El prado de Proserpina

Esse Imaginaria



Tres hermanas Miner, Luci y Liber eran las que bendijeron aquella unión imbendecible, tres criaturas inquietas y juguetonas que llenaron el castillo y sus alrededores de risas e ilusiones casi imposibles. 



Jove, el señor del feudo, las contemplaba orgulloso y complacido, mas sólo la plácida y serena presencia de su esposa, la hermosa reina Cira, era capaz de amainar el fuego beligerante que desde niño ardiera en lo hondo de su pecho.

Las niñas crecieron apartadas de las oscuras intrigas de la corte, inmersas en sus juegos y pronto cada una de ellas, gracias a los desvelos de su madre y sus preceptores se convirtieron en hermosas y habilidosas mujeres. 
Miner, estudió todas las ramas del saber convirtiéndose en una joven de sabia hermosura, Luci prefirió rodearse de niños, llegando a ser considerada la mejor partera del reino, pero Liber, la mayor de todas, nunca gustó de ocupar sus días en otra tarea que corretear los prados floridos a cielo abierto, recogiendo hermosos manojos de flores en compañía de las ninfas del bosque. 

Era una joven de gran corazón incapaz de dañar con acto o pensamiento, y su habilidad era la serenidad y la dulzura, atractivos despreciados por los jóvenes nobles del reino. 

Desposaron pronto y ventajosamente sus dos hermanas menores tal como dictaba la tradición, no así ella, que despreocupada del amor continuaba cultivando su embriagadora ingenuidad.

Los monarcas, preocupados por esta circunstancia llamaron a los sabios de la corte que no supieron encontrar solución alguna al carácter contemplativo de la hija mayor y heredera del reino. Fue la reina quien al fin exigió una solución a Vunes, la hechicera de la corte. Esta urdió tal sortilegio que de inmediato aseguró que la joven estaría desposada en menos de una semana con noble varón.

Los monarcas se dieron por satisfechos y aguardaron expectantes los acontecimientos.  Al cuarto día, mientras Liber observaba embelesada el discurrir caprichoso de las mariposas de su amado prado, un oscuro ser surgió violentamente de las profundas entrañas de la tierra a la grupa de un enorme caballo negro, era el temido mago Volcano, dios de los avernos, quien habiendo sido presa del sortilegio de la hechicera no pudo sustraerse a la cándida y en apariencia improductiva hermosura de la muchacha.
Presa de su amor y de su naturaleza fiera, el mago tomó por la fuerza a la frágil princesa, arrastrándola a las profundidades de su oscuro y temible reino.

Alarmada, Cira envió soldados, pero ninguno regresó. El rey partió entonces presa de la furia a buscarla con todo su ejército, pero fue en vano, pues todas sus fuerzas fueron insuficientes para franquear las vírgenes fronteras de los avernos. 

Pronto se supo de mano de los espectros nocturnos que en las profundidades de la tierra, la dulce Liber había contraído matrimonio con el terrible mago, y se conoció del tierno y mutuo amor que tales amantes dispares se profesaban.
 Pero Cira no dejaba de llorar la pérdida de su hija amada y pronto salió por su cuenta a buscarla, atravesando valles, desiertos y ríos, indagando incansable y desorientada. 
Mientras, el rey languidecía a la espera, sintiéndose inútil y abandonado, sin poder soportar por más tiempo la ausencia de su esposa e hija amadas.

Cira encontró al fin el cinturón de su hija que las ninfas, habiéndolo reconocido, arrebataron a un alma en pena expulsada de los avernos.
Desesperada y apretando contra su pecho la única reliquia que de su hija le quedara, la reina se negó a regresar al castillo, y vagó por los campos convirtiendo en cenizas con sus lágrimas prados, bosques y cosechas. 

Alarmado el rey, viendo la desesperación de su esposa, la pérdida de su primogénita y la ruina de los hombres y sus campos, encontró al fin la forma de bajar a los avernos con ayuda de un diablo bien pagado que le mostró un oculto atajo, y allí halló a su hija tiernamente abrazada a su terrible esposo. 

Les habló de lo que estaba sucediendo y la conveniencia de que la joven esposa regresara a  presencia de su madre. 

Volcano no quiso escuchar sus airadas quejas y trató de quemar en la hogueras eternas al arrojado monarca, pero Liber se interpuso. 

Sentáronse entonces los dos hombres a hablar, obligados por la dulce exigencia de la reina del Hades, y al fin llegaron a un acuerdo: La hija volvería junto a su madre,  al cielo abierto de los prados floridos durante la primavera, y regresaría en otoño junto a su amante esposo para gobernar en su compañía la oscuridad de los avernos.

Y es por eso que hoy los prados florecen cuando ella nos visita y que sus flores perecen al verla partir.

(Cuento inspirado en el mito de Proserpina)


El adiós

Esse Imaginaria



Agniezska Lorek


Recuerdo aquel beso extraviado, 
aquel que me brindaste y se perdió 
a las afueras de tus labios;
Y breve brotó, y sin bríos, 
 el que pereció entre tus manos 
y la frontera de los labios míos.

Y recuerdo igualmente tu mirada, 
porque mi memoria la cazó vencida, 
recuerdo el brillo de la luna en tus pupilas, 
buscando en el adiós mis pagos... 
Y aún no olvido el caer oblicuo de tus párpados, 
que raptaron por siempre tu presencia 
de la mía.