Maldigo

El prado de Proserpina



Lejos, tan lejos que el corazón se llena de ti y el cielo hiela...
Maldigo aquí varada los ejércitos de silencios uniformados y puntiagudos, 
tan mal elegidos... 
Maldigo a la luna vaga e indiferente que no te acerca. Maldigo mis noches huecas y maldigo, maldigo al miedo y a la incertidumbre que me mantienen quieta...
Y la negra oquedad me cobija en lo hondo de su boca sin muelas, masticando aire como  cadáver ciego que hace muecas.

Jaroslaw Datta


 Fagocítame, oscura impotencia, tal como descoyuntara a la incauta amapola la psicópata tormenta.

Vuelve a mis brazos temblorosos, serenidad del alma; 
vuelve a posar tus labios sobre mi boca.

 Vuelve, aroma alto y puro de los nardos.
 Vuelve, si quiere y puede algún dios,
 ya que no puedo yo,
 a acechar las sombras del miedo para tejer
 con ellas nuestro ancho y grueso lazo.

La batalla

El prado de Proserpina









Y se vio superada sin saber qué hacer ni cómo o a quien pedir socorro...
Ella, que a pesar de todo, siempre se había valido por sí misma, y había demostrado constantemente su fortaleza a la hora de superar mil situaciones difíciles...hasta la propia muerte. Pero ahora se veía superada; no sabía cómo actuar, se encontró por primera vez inútil...
 Miró a su alrededor y se vio sola; miró al cielo y estaba vacío.
Nuevamente la vida le ofrecía su puño, quería un nuevo pulso...
Helena apretó los dientes y encrespó el alma. La victoria estaba perdida, siempre está perdida; pero esta batalla aún era suya.

El remolino del tiempo

Esse Imaginaria


Recuerdo cuando te fuiste, 
sin tu adiós, tan callada...
Recuerdo aquella mirada
 que cuartea ahora el vil salitre...



Y te lleva la muerte, alma,
se te lleva tarde y temprana,
¡ Bruja, la muerte terrorista,
secuestradora callada...!

Y yo, subida a las alas
de mi máquina del tiempo
te siento, tesoro mío,
y de nuevo se me escapa el alma
sobre el remolino del tiempo.

Al poeta caído

El prado de Proserpina






Jaroslaw Datta

Muchos poetas moriremos, 
y muchos, disueltos en el aire del olvido 
amamantaremos el hueco sin nombre de la noche cerrada;
 muchos tocaremos los cielos oscuros de la indiferencia
 y de la incomprensible nada,
 más tú, Manuel, 
tú amarraste tu esencia dulce al alba blanca 
y acostado te hallas sobre la luna torda, 
por haber coronado de parda sencillez tus letras,
 repletas y ciertas hadas.

Subido al alba, 
cabalgando las luces oblicuas de la mañana, 
peinando el rocío temprano y las luciérnagas magas,
 ahí te hallas junto a mis otros sueños profundos y bellos
 que conforman la claridad de tu alma.

No lo vi morir

El prado de Proserpina



Nunca vi morir un verso,
 apenas lo escuché sobre
 el aire del silencio inmenso,
 tal que intenso y dulce suspiro.

Suave como el alma generosa,
o chirriante como lamento.
Yo nunca vi morir un verso,
conjuro del alma que endiosa.


Jaroslaw Datta


Padece indiferencia sin tormento, padece pareceres, parece silencio; más el verso permanece y cada día que el papel que lo sustenta torna en amarillo, el verso intenso crece...
Nunca vi morir un pajarillo, más cuando lo viera muerto, tal no me pareciera. Nunca contemplar la muerte del alba pude y nunca ver pude la del alma inmensa.
Verso es el estallido y la emoción,
 lo es el nacimiento del corazón 
que al fin supo de su otro quehacer:
 el que dejando de un lado 
el combustible de la sangre, 
ya sólo latir sabe
 páginas y páginas de papel.

Satanás babea

El prado de Proserpina


Agnieszka Lorek


El reverso de tus ojos dice la verdad
 mientras tus labios mienten palabras difuminadas.  

Sabes quien eres 
y aún así te sientas en el trono del orbe.

 Ahuyentas el aire puro al pasar,
 y ahuyentas el sueño, 
contemplas tu imagen 
en los charcos de la guerra,
 narciso obsceno y deforme.

¡Rey del mundo, diablo blasfemo!

Trinchas la  carne del pobre
 y la del extranjero...
Trinchas libertades,
 levantas montañas de muertos a las afueras,
 cierras tus puertas al aire nuevo 
y las abres ávido a las monedas.

 El diablo toma el  mundo,
  Satanás babea.