Lejos

El prado de Proserpina





Estar sin saber estar, 
ser sin apenas ser,
 sin el día ni la noche existir, 
así como el profundo y oscuro
 agujero de un olvido... 

Sí, es esa ausencia estando presente, es el vahído del entendimiento, la malhumorada soberanía de lo tangible, es y siempre es una guerra perdida y vana y eterna...


AM Lorek

Existe sin saberlo... y sin saber escuchar los gemidos ni los llantos ajenos, sin notar el tacto del viento, sin apenas entender una palabra perdida en la conversación de una cálida mirada. 

Existe en un mundo paralelo, como el reflejo de un espejo en la casi oscuridad, como el halo del aliento en un día invernal...

¡Tan lejos eres y aún así puedo tocarle...!!!

Es ausente a mi realidad de sueños y risas, a mi mundo de llantos.  Es inútil explicar entonces los tonos de los amaneceres a este ser, porque es absurdo para él contemplar del día el último rayo, oler las flores cuando llaman al amor, las aguas en la fuente inquieta, los reflejos escuchar en el tranquilo lago...

Es pues un ser de piedra, que teje trampas a los inocentes incautos que pagan años de condena sus engaños.
 Y es aún así el ser de piedra en este mundo junto a mi, puedo tocarlo... pero en un universo muy lejano, paralelo, cortante, cosecante y malvado.

No me das miedo, 
nunca he temido al infierno 
y puedo buscar la luz 
en el fondo de los ojos del diablo.

 Siento tu dolor, tu falta, 
tu indiferencia...
 Siento, 
siento tener que derramar
 mis lágrimas 
sobre tu reluciente sudario.

¿Quizá esta distancia 
no sea equidistante?
 Y quizá tú estés de mí más lejos, 
más alejado?
¿Porqué sino yo pueda notarte
 más tú no puedas notarlo?

Quizá entonces resulte
 ser realmente yo el reflejo... 
Quizá sea yo el alejado, 
quizá es mi mundo el que esté muy lejos 
y al fin yo sea el auténtico diablo...