Una tierra, tres culturas, una identidad




La intolerancia es el miedo del mezquino 
que arrasa mansos y arrasa campos,
que esquiva tu mirada alta 
y esquiva tus futuros soñados y los míos.



Cuando de repente tropezamos con algo autentico, reconozcámoslo, un lugar donde la coherencia y el genio humano hablan de las flores y las cosas sencillas, de abrazar todas las culturas entre sus únicos y viejos muros que  filtraron la esencia de cada una de ellas, tomando lo bueno y apartando la vulnerabilidad del enfrentamiento, un lugar que restringe la intolerancia al valor de cero, aspirando a poseer entre sus calles estrechas toda la anchura de los distintos y enfrentados credos que en el mundo lidian por primar unos sobre los otros.
Todo ello aderezado con el duende oscuro de la sabiduría milenaria que no podemos cuantificar porque confundimos con la idiosincrasia de un pueblo loable que ha demostrado saber vivir de lujo a través de tantos siglos.
Disfrutalo, si lo encuentras, si eres capaz de reconocerlo, si tienes la capacidad de escuchar ver y sentir.



Aún así, es bien sabido que la tolerancia de la Córdoba islámica se ceñía al ámbito cultural, consiguiendo de este modo convertirse en el crisol del culturas más importante de la época y posiblemente uno de los más ricos de la Historia.
Hubiera sido perfecto que en la que llegó a ser la mayor ciudad del mundo de la época, al igual que sus gentes unificaron las diferentes culturas en una sola,  hubieran conseguido la fabulosa quimera de unir todas las creencias religiosas cuando, al fin, todas parten del mismo sentimiento humano.
De todos modos el resultado, al paso de los siglos es este, un lugar que ha ido forjando sus piedras y sus gentes desde siglos atrás por el respeto y la admiración de lo distinto y por el conocimiento de lo propio.
Foto de Ernesto Castillejo Ramos


A veces surge una luz que muestra claramente la realidad, como en un claroscuro, no sabes de dónde vino, pero la ves.
La mayor parte de la Historia está llena de horribles desgracias y sinsentidos que desaceleraron y desviaron gravemente el camino de la humanidad, absolutamente todas ellas fueron alentadas y provocadas por esa terrible lacra de la miseria intrínseca del ser humano que es la intolerancia a todo lo distinto, no importa si esa diferencia se refiere a algo bueno o malo objetivamente porque esta miope raza  de tontos orgullosos de cualquier cosa que considere propia es incapaz de objetivar sobre todo lo diferente, dificultando terriblemente el proceso necesario de aprendizaje y mestizaje necesario para avanzar.



Pero, todos sabemos eso, y aún así las recaídas son habituales, diarias, constantes, desde los asuntos mas triviales a los más trascendentes, envolviendo de continuo nuestro comportamiento hasta obligarnos a conducirnos como necios.
Foto de Ernesto Castillejo Ramos


 Hemos aprendido de los animales muchos de los más grandes logros del ser humano, aprendimos a volar inspirados en la perfección de sus movimientos así como en ellos están inspirados grandes avances en medicina e ingeniería.
Pero nos cuesta enormemente reconocer en otras razas, naciones o pueblos sus excelencias, quizá por un malentendido orgullo patrio, o más bien por complejo de inferioridad crónico, que nos impide aprender, y lo que es peor, nos precipita en inacabables rencillas y guerras que jamás nos proporcionaron avance alguno.

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