La rosa y la nube

Esse Imaginaria







En un inmenso prado, que asemejara el mar si el rojo de las amapolas y el amarillo y el blanco de las margaritas no flotaran sobre sus tempestuosas olas, había una rosa solitaria color ocaso encendido que levantaba al cielo sus ojos ya casi hundidos de pura sed colmados, buscando una nube clemente capaz de detener su vuelo raudo y ausente sobre la azul techumbre del cielo, que anunciando el estío le negaba una simple gota de agua..




Y las nubes surcaban los cielos color azul indecente, mostrando sus panzas cargadas y húmedas, prometiendo rociar los campos con su fresca carga de recién nacidas aguas...Y cruzaban sin mirar abajo, puestas sus miradas en los prometedores horizontes de las lejanas tierras que se hallaban ocultas tras del alba..Mientras, en la pradera la solitaria rosa imploraba:

-¡Nube, nube...! ¡Dame agua...! ¡Dame agua, por piedad que me muero, que mis hojas ya están secas y arrugadas, que su tersura se evapora y la vida me abandona lenta y pausada..! Nube, te imploro, dame sólo una gota, dame un respiro de tu dulce agua reparadora..!
-Pero la nube presurosa, por el viento agitada y las promesas de las tierras lejanas, a penas volvió la mirada, a penas la vio allí abajo con las hojas extendidas, mirando al cielo...agotada, y a penas quiso atender la súplica desesperada en el fragor de su loca carrera...
-No puedo detenerme, rosa clara, no puedo porque he de regar otras tierras lejanas, que si atendiese a todas las flores que llaman toda el agua de los mares no bastara... Quizá cuando vuelva, mi linda critura, pueda regar tus hojas rasgadas..
-Y surcando los cielos rasos, la nube veloz desapareció tras las montañas y aún en su ausencia la rosa llamaba:
-¡Nube, no me dejes! No puedo vivir más sin tan sólo un sorbo de agua..! No tardarás, será un momento y podrás continuar tu camino hacia tus tierras lejanas..! Por favor, nube  vaporosa y clemente, vuelve y llueveme  tu agua clara..!

Pero la nube ya estaba lejos, había ya rebasado las altas montañas, los ríos audaces y los valles de lágrimas...Había la nube indolente rebasado los mil hermosos paisajes, las nieves perpetuas, ciudades como hervideros de quehaceres alocados y los apartados desiertos hirvientes de arenas desparramadas, regando sus dunas desagradecidas y muertas...Entonces recordó a la rosa moribunda que sólo pedía una gota de agua, entonces recordó sombría su hermosura, la dulzura de su voz traicionada y sus pétalos abiertos al cielo como inútiles alas...Y abandonando su loca carrera hacia las cumbres más altas dio media vuelta y surcó con fiereza los vientos que se le enfrentaban..




- Espera, rosa, te daré tu gota de agua, regaré tus pétalos marchitos para que vivas sobre el estío que todo lo arrasa...¡Espera, mi rosa solitaria y perdona mi imperdonable indiferencia con tu generosa hermosura.!! 
Y llenos los ojos de lágrimas por haber abandonado en tan lejano prado a la rosa solitaria, la nube lloraba su llanto de agua fresca y clara, la nube se secaba..Al fin sobre el prado la nube encontró a la rosa cabizbaja..

-¡Rosa, despierta, despierta ya te traigo tu agua..! ¡Te la traigo fresca como las lejanas nieves que cubren las montañas!!
¡Rosa, contesta mi súplica tú ahora, rosa...!!¡Rosa...despierta, desdichada..
-Pero la rosa no contestaba, porque la rosa,
 estaba muerta..


(Esta es mi versión de la historia que mi padre me contaba una y otra vez...Cada vez me hacía llorar y le pedía que volviera a empezar, quizá con la esperanza de que esa vez, la rosa despertara...)
(No conozco su procedencia)


¡Al fin, después de buscarla encontré el texto original, el que mi padre nos recitaba con puntos y comas, obra de José Rosas Moreno. Os lo dejo para que podáis disfrutar su verdadera hermosura..!! Creo recordar que se encontraba en un libro antiquísimo que sirvió a mi padre de única guía escolar, de ahí su marcado acento aleccionador (curiosamente lo único que había olvidado..).

Sobre una estéril pradera,
el diáfano azul del cielo
cruzaba en rápido vuelo
una nube pasajera.

Viola pasar una flor
que abrasada se moría,
y en su penosa agonía
le dijo así con amor:

"Yo te bendigo: la suerte
es conmigo generosa,
Dios te manda, nube hermosa,
a librarme de la muerte."

"Joven soy, morir no quiero;
en tus bondades confío;
una gota de rocío
por piedad, porque me muero."

Pero la nube orgullosa,
insensible caminando,
"No puedo, dijo pasando,
servir a tan noble rosa."

"Que si todos los pesares
de las flores mitigara,
pienso que no me bastara
con el agua de los mares."

La flor exhaló un suspiro
y la nube en el momento,
agitada por el viento
siguió su rápido giro.

Cruzó la selva sombría,
cruzó también la ribera;
pero siempre en donde quiera
la tristeza la seguía.

Sintió al pronto una profunda,
indefinible ansiedad,
y por fin tuvo piedad
de la rosa moribunda;

Y del punto en que se hallaba,
con rapidez se volvió,
y a la pradera llegó
cuando la tarde expiraba.

De la flor sobre la frente
tendió su ligero manto,
y regándola con llanto,
exclamaba dulcemente:

"Despierta, yo soy; despierta,
yo te traigo la alegría."
Mas la flor no respondía:
la infeliz estaba muerta.

Guardad tan triste lección
en el alma desde ahora:
niños, mostradle al que llora
una santa compasión.

Si el pobre a rogaros va,
no le miréis con desdén,
que es muy triste hacer el bien
cuando es inútil quizá


José Rosas Moreno
Publicar un comentario