Y sabe la flor que es bella, sabe desde siempre que por el tierno fruto de sus alas alzan el vuelo las hadas, sabe que por ella viven los pájaros y los hombres, vive sabiendo que pronto su dulzura se torna seca y que sus galas, entonces muertas darán paso al renacer de la hermosura.





Y así contempló la naturaleza cómo el atroz devenir del mundo giraba sin piedad y sin conciencia, vio al hombre sumido como profundo puñal en la oscura y cruenta torpeza, vio su grito vibrar sobre el trémulo aliento, y no quiso más contemplar su mal desde la blanca esencia de silencio.





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