Oigo pasos 2

Esse Imaginaria


Oigo pasos, sé que están ahí arriba, el silencio los delata hablando sus profundas riñas...Oigo pasos, pasos perdidos, pasos sin alas, pasos de gentes sin cuerpo y casi sin alma..Arrastran sus cadenas como si fuesen albas, pero el silencio delata sus miserias, sus miedos y sus maldades cercanas..


Josephine Sacabo



Los pasillos, interminables y entrelazados se extienden ávidos por la casa, ocupando mi atención con sus sombras móviles..Y ellos, los extraños habitantes de mi aparente soledad, orquestan como cada noche su sinfonía cacofonica y habitual..

Siempre, cada noche, paseo sus longitudes cambiantes, vigilando las sombras y sus metamorfosis y escuchando mis apaciguados miedos palpitantes..
Cuando me acerco a la biblioteca me gusta aspirar el olor a papel anciano de los valiosos y antiguos volúmenes, que me llaman como parlantes amordazados tras sus oscuras tapas..Parece que les oigo clarito contarme sus historias todos a un tiempo, compitiendo impacientes entre ellos..
Me acerco entonces a la extensa estantería de roble viejo que tapiza por completo la pared izquierda de la estancia, sobrevolando la chimenea y circundando el gran óleo central que figura un joven vestido con casaca militar; el soldado porta un rostro ausente y sorprendentemente cercano en medio de su clautrofóbico claroscuro..Él me sigue con la mirada, mientras yo rebusco entre los libros que voy rozando levemente con la punta del dedo, mientras descifro a duras penas sus títulos en medio de la penumbra..




Las tapas de aquellos libros, tan viejas como el tiempo mismo, se quejan bajo el leve tacto..El silencio es estrepitoso y en los pasillos se oyen ir y venir como cada noche, sigilosos los vigilantes ausentes de la casa..

Al fin, uno más pequeño que el resto me llamó la atención, tiré de él y lo extraje de su largo encierro..

 "El hombre de la casaca".

En una esquina de la biblioteca, junto al enorme y tapiado ventanal de hermosos y pesados cortinajes estaba un viejo sillón de gastado y oscuro tapizado. Como cada noche, esa noche me acomodé entre sus brazos para leer. Saqué el pequeño cabo de vela que me quedaba de los cinco que encontré en un cajón de la cocina la noche anterior, lo prendí y volcándolo sobre una esquina de la mesita cercana dejé caer un par de gotitas de cera para sustentarlo, de pronto se hizo la luz, casi me cegaba...

Admiré la tapa del libro por un momento.. la piel estaba oscurecida y había sido trabajada cuidadosamente, en ella estaba sóbriamente labrado un escudo, el mismo que aparece en los cubiertos de la casa..
Comprendí que el hombre de la casaca era uno de ellos..
Dudé por un momento, pero la duda fue menor que mis ansias de saber..







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